<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-11764168</id><updated>2011-04-21T18:12:58.889-07:00</updated><title type='text'>Schopenhauer</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://shopenhauer.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11764168/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://shopenhauer.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Josué Peñaloza</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13940379340067735011</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11764168.post-111206464206213050</id><published>2005-03-28T18:47:00.000-08:00</published><updated>2005-08-24T17:15:36.913-07:00</updated><title type='text'>Schopenhauer</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3124/967/1600/schopenhauer.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3124/967/400/schopenhauer.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;En la primera mitad del siglo XIX, el filósofo alemán Arthur Shopenhauer, en su principal obra “El mundo como voluntad y representación” plantea que el mundo es la representación del sujeto, con esto, existe una inseparabilidad entre el sujeto y el objeto. Piensa que el mundo es una fuerza ciega, la “voluntad”, que se manifiesta en las fuerzas naturales, y del individuo como voluntad de vivir. Explora la función del arte en el mundo y menciona que cuanto más cercanas son las ideas a sus formas arquetípicas (Eidos platónico), mayor es la posibilidad de la contemplación pura en el arte. Expone una jerarquía de las artes, “La arquitectura es inferior. Es la objetivación de la voluntad como un oscuro inconsciente y mecánico impulso de la materia, que sin embargo manifiesta en su interior la lucha o conflicto... La música es de un orden superior, está más allá de la jerarquía. Expresa directamente la objetivación de la voluntad. Sin mediaciones. Libera y objetiva a la voluntad....&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn1" name="_ftnref1"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música puede expresar en su esencialidad y su carácter a la voluntad, Explica Schopenhauer que: “la música puede ser comparada con una lengua universal, cuya cualidad y elocuencia supera con mucho a todos los idiomas e la tierra.&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn2" name="_ftnref2"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Schopenhauer retoma la idea pitagórica del mundo como relación de números y dice: “Para Lleibniz, la música es un medio para concebir inmediata y concretamente grandes números y complicadas relaciones numéricas. Esto es una idea filosófica semejante a la de Pitágoras, y aun a la de los chinos en el I Ching&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn3" name="_ftnref3"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”. Pero Schopenhauer da un giro inesperado, “las relaciones numéricas no deben considerarse como su significado, sino como su signo”. Ya que casi todo en ella se puede reducir en números, y “en todos los tiempos se ha cultivado la música, sin tener adquirir conciencia clara de esta relación&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn4" name="_ftnref4"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”. Al menos en las culturas occidentales, no se deben confundir en esta relación entre los números representación de la música con la música misma. Los números solo son el signo, lo que quiere representar a la música, pero no más, son meras entidades vacías e inmóviles, en tanto que, la música es movimiento y plenitud de sensaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los individuos y las cosas que conforman la realidad del mundo, no hace mas que manifestar sus ideas en medio de la multiplicidad del mundo, y así se afina esta realidad, se depura y nitidiza. El sujeto es inseparable del objeto, “Nuestro mundo no es más que la manifestación de las ideas en la multiplicidad por medio de la individualidad&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn5" name="_ftnref5"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música se presenta con todo su poder y es capaz de anunciar infinidad de cosas, de ideas, de esencias de un individuo en un solo instante; faltarían palabras y tiempo para describir estas cosas, ideas y esencia. El filósofo del pesimismo dice: “La música no es la copia de las ideas, sino de la voluntad misma, cuya objetividad esta constituida por las ideas. por esto el efecto de la música es mucho mós poderoso y penetrante que el de las otras artes, pues esta solo nos reproducen sombras, mientras que ella esencias&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn6" name="_ftnref6"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una línea melódica se expresa todo un estado de ser, de animo, de la individualidad, del de carácter de quien, la compuso, de quien la toca, y del estado del lugar y el tiempo en que es interpretada, “La melodía es lo único que presenta desde el principio al final una línea continuada con sentido e intención”. Como se ve se puede hacer una analogía entre el carácter de un hombre con una melodía. Ambos son individuales, ambos tienen un carácter especifico. “Es de esencia en el hombre sentir deseos y satisfacerlos y volverlos a sentir para volverlos a satisfacer, y así indefinidamente... la dicha y bienestar consisten en el cumplimiento del deseo y viceversa. Así también la melodía vaga en mil direcciones, apartándose de la tonalidad armonía hacia cualquier grado, a la disonancia, en este aspecto marca sus deseos y su cumplimiento al volver a la tónica&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn7" name="_ftnref7"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;En la analogía del individuo y la melodía, el volver hacia la tónica, es el regreso a la estabilidad, y el deseo de la disonancia, es la trasgresión, la búsqueda. Así es que el hombre en su disonancia no encuentra descanso y esta siempre en la inquietud, y viceversa, el hombre que solo se la pasa en la tónica tiene una vida monótona, estable, sin movimiento. “El carácter lento o ligero en la melodía es la expresión del goce o dolor, entre mas lento es más doloroso, por las dificultades que arrastra el no encontrar la tónica”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El artista, el músico, el genio es aquel que transgrede, y da los giros más inesperados en su melodía, de lo disonante hasta la desesperación, hasta la calma mas reconfortante, el genio se regocija en ambos extremos. “La obra del genio consiste en la invención de la melodía de los más profundos secretos de la esencia humana”. El genio, con su modulación, es justamente el paso de un carácter a otro, de un individuo a otro, que son atravesados por la voluntad y en este acto, esta riqueza que transforma a la voluntad rampante a una voluntad fraternal, etc.“Modulación recuerda la destrucción del individuo, pero no de la voluntad que sigue viva de la que el y otros individuos forman parte&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn8" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn8" name="_ftnref8"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”. Pero la música expresa solo lo que hay detrás de las apariencias fenoménicas, la voluntad. “Tratamos de darle forma al mundo revistiéndole de carne, de colores, concretarle en algo análogo. Este es el origen del canto con palabras, de la opera. Lo cual constituye una verdadera inversión, pues estos ocupan siempre un lugar subordinado. Cuando la música es forzada a amoldarse a las palabras y a los hechos se le fuerza a hablar un lenguaje que no es el suyo”. Querer que la música se exprese en palabras es reducir a la música. La música al igual que el mundo no puede expresarse totalmente, el lenguaje es limitado para esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que por medio de la música se puede definir el ethos de un pueblo, o de un músico, y esto se puede expresar y dar a entender a un ente lejano. En esto supera la música al lenguaje hablado. “La música es la expresión del mundo en un lenguaje de universalidad y que conduce a cosas particulares...se parece a las figuras geométricas y a los números, que son aplicables a priori a las cosas no de manera abstracta, sino intuitiva y determinada.”. Tenemos que al momento de ser ejecutada la música ya se sabe que es lo que va a expresar, cual es el carácter de lo que expresa, y no necesita palabras para explicar, lo presenta ya dado. “Los universales son post rem, la música nos da los universales ante rem, y la realidad los universales in rem&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn9" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn9" name="_ftnref9"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;Finalmente nos dice Schopenhauer que:“Una física y metafísica sin ética, corresponde a una armonía sin melodía”, esto significa que , puesto que el ethos es el carácter dentro de la armonía, o en otras palabras, el ethos es el carácter de una comunidad, de un pueblo, la ética es entonces el reconocimiento de este carácter en determinada comunidad. La música es la puerta por donde se muestra el carácter, por donde oscila el carácter, de lo metafísico a lo físico. “La música es un ejercicio de metafísica inconsciente, en la cual el espíritu no sabe que hace filosofía”&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn10" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftn10" name="_ftnref10"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn1" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref1" name="_ftn1"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[1]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Givone, Sergio. “Historia de la Estética”. ED. Tecnos. España. 1999&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn2" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref2" name="_ftn2"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[2]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Arthur Shopenhauer, “El mundo como voluntad y representación”, Ed. Porrúa, México, 1998. pp203&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn3" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref3" name="_ftn3"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[3]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Idem. Pp 209&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn4" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref4" name="_ftn4"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[4]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Idem Pp 204&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn5" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref5" name="_ftn5"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[5]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Idem, Pp 204&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn6" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref6" name="_ftn6"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[6]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Idem, Pp 204&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn7" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref7" name="_ftn7"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[7]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Idem pp 206&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn8" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref8" name="_ftn8"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[8]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Idem pp 207&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn9" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref9" name="_ftn9"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[9]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Idem. Pp 208&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;a title="" style="mso-footnote-id: ftn10" href="http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=11764168#_ftnref10" name="_ftn10"&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt;[10]&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="color:#330000;"&gt; Frase de Schopenhauer en Nietzche y la Músicahttp://www.antroposmoderno.com/word/nietzmus.doc. «Sin la música la vida sería un error»*Por Eric Blondel**&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11764168-111206464206213050?l=shopenhauer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://shopenhauer.blogspot.com/feeds/111206464206213050/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11764168&amp;postID=111206464206213050' title='6 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11764168/posts/default/111206464206213050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11764168/posts/default/111206464206213050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://shopenhauer.blogspot.com/2005/03/schopenhauer.html' title='Schopenhauer'/><author><name>Josué Peñaloza</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13940379340067735011</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry></feed>
